Hace ha tiempo que la Ilustración abandonó España, y lo hizo por la cuidad de Burgos, la que fue un día puerta de Europa y heráldica de comerciantes mediterráneos. Los últimos destellos de luz se apagaron en nuestra ciudad tras la batalla de Gamonal con el epíteto de "afrancesados", y desde entonces cualquier balbuceo o pretensión de sobresalir de la ciénaga del dogma y el cretinismo ha sido truncado con dolorosos portazos por parte de instituciones, compañeros y tutores varios que van desde nuestros padres, hasta nuestros profesores y nuestros jefes, y ahora también la televisión y los períódicos, cuando los que verdaderamente deberían educarnos son nuestros hijos, nuestros jóvenes, los que mandamos callar en las aulas tantas veces y con tanta energía.
Cuando no hay nada que perder se disipa también el miedo, y al paso que vamos, dentro de muy poco ya no habrá más bienes que recortar ni derechos que pisotear, qué pena, por lo que puede que esto acabe mal y que les enseñemos a nuestros hijos lo bien que sabemos matarnos.
Lejos de escarmentar, de mirar al futuro con cordura o de poner en práctica cualquier conato de progreso hacia un ser humano libre, en paz y respetuoso con el entorno, los que se definen como conservadores nada saben de conservar los bosques, la justicia social o el estado del bienestar, ni siquiera de conservar el estado de derecho, pues a todo están dispuestos con tal de socavar la razón e imponer el servilismo y la miseria.
Acariciábamos ya el nuevo paradigma energético y nos atrevíamos también a mirar de frente a un nuevo paradigma educativo más acorde con lo que sabemos del cerebro y con lo que exigía la recien estrenada sociedad de la información y el conocimiento, pero todo se ha venido abajo de la noche a la mañana sin disparar un sólo tiro, a golpe de democracia, o mejor dicho de indemocracia. Los no-votos nos han devuelto de un puntapié a la vieja sociedad industrial que se cargaba el planeta, al viejo sistema educativo que pronto promoverá dar las clases en latín, y al viejo régimen de clases y hogueras, castas y censura, no vayáis a pensar que estufas y aulas.
Con nostalgia cuelgo aquí lo que pudo haber sido y ya no será hasta dentro de generaciones, hasta que poco planeta y poca dignidad nos quede por conservar, porque no se puede educar una sociedad que no se quiere educar, una sociedad de futbol y rosario, una sociedad que se recrea en su ceguera, una sociedad que aplaza su felicidad para después de la muerte, una enferma que no quiere sanar y que ha arrojado por el water la medicina que antes ofrecían las urnas.
Aquí le dejo, al freaky que quiera verlo, el programa de Redes nº 89, en el que Eduardo Punset entrevistaba a Sir Ken Robinson cuando aún había alguna esperanza de cambiar.
We are diferent, really diferent. Lo que no lograron las bayonetas y luego los mosquetones ahora lo han vencido la desidia general y la perfidia, pues hacen más daño las mentiras que las balas, y de este mar de aranas en que mal vivimos los españoles, ya no escapamos en cuatro años de legislatura.
Un requiem por el optimismo y por el sentido común, y un video ya para utópicos excéntricos:
Cuando no hay nada que perder se disipa también el miedo, y al paso que vamos, dentro de muy poco ya no habrá más bienes que recortar ni derechos que pisotear, qué pena, por lo que puede que esto acabe mal y que les enseñemos a nuestros hijos lo bien que sabemos matarnos.Lejos de escarmentar, de mirar al futuro con cordura o de poner en práctica cualquier conato de progreso hacia un ser humano libre, en paz y respetuoso con el entorno, los que se definen como conservadores nada saben de conservar los bosques, la justicia social o el estado del bienestar, ni siquiera de conservar el estado de derecho, pues a todo están dispuestos con tal de socavar la razón e imponer el servilismo y la miseria.
Acariciábamos ya el nuevo paradigma energético y nos atrevíamos también a mirar de frente a un nuevo paradigma educativo más acorde con lo que sabemos del cerebro y con lo que exigía la recien estrenada sociedad de la información y el conocimiento, pero todo se ha venido abajo de la noche a la mañana sin disparar un sólo tiro, a golpe de democracia, o mejor dicho de indemocracia. Los no-votos nos han devuelto de un puntapié a la vieja sociedad industrial que se cargaba el planeta, al viejo sistema educativo que pronto promoverá dar las clases en latín, y al viejo régimen de clases y hogueras, castas y censura, no vayáis a pensar que estufas y aulas.
Con nostalgia cuelgo aquí lo que pudo haber sido y ya no será hasta dentro de generaciones, hasta que poco planeta y poca dignidad nos quede por conservar, porque no se puede educar una sociedad que no se quiere educar, una sociedad de futbol y rosario, una sociedad que se recrea en su ceguera, una sociedad que aplaza su felicidad para después de la muerte, una enferma que no quiere sanar y que ha arrojado por el water la medicina que antes ofrecían las urnas.
Aquí le dejo, al freaky que quiera verlo, el programa de Redes nº 89, en el que Eduardo Punset entrevistaba a Sir Ken Robinson cuando aún había alguna esperanza de cambiar.
We are diferent, really diferent. Lo que no lograron las bayonetas y luego los mosquetones ahora lo han vencido la desidia general y la perfidia, pues hacen más daño las mentiras que las balas, y de este mar de aranas en que mal vivimos los españoles, ya no escapamos en cuatro años de legislatura.
Un requiem por el optimismo y por el sentido común, y un video ya para utópicos excéntricos:
Se admiten comentarios.